Al principio mola hacer una visita a Juan Piqueras, el alquimista de Bodegas Pigar, localizada en Campo Arcís, D.O. Utiel-Requena (Valencia). Lo cierto es que Juan elabora cosas muy chulas, no solo los tres vinos que hasta ahora etiquetaba y de los que ya hablamos recientemente: un Bobal, un Syrah y un Chardonnay. Como ya comentamos, el año pasado elaboró un vino naranja como experimento del que hizo unas 80 botellas con un 80% de Tardana y un 20% de Moscatel y del que ya hablamos en estas páginas hace unas semanas.

Tras nuestra visita, mantuvimos el contacto porque Juan sigue haciendo nuevos experimentos y había que probarlos para después documentarlos. Al fin y al cabo, ya decían los americanos que lo que no se cata y documenta, no existe. La cosa empezó a resultar rara cuando buscando fecha, Juan hacía comentarios estilo: “cuando vengas tenemos que trasegar este depósito”, o “cuando estés aquí hay que descubar este otro.” Claro, una cosa es ir de visita, llevar unas pastas, probar algo de vino y cada uno a su casa. Pero parecía que Juan no tenía el mismo concepto de visita en mente que yo. Así que después de ir retrasando la fecha, llegó el día en que ya no cabían más excusas. Menos mal que hacía buen día, y después de tomar un café para abrir la jornada, Juan me indicó amablemente donde estaba el depósito mencionado. Contenía unos 300 litros de Tardana que había estado macerando con sus pieles durante un par de semanas. Ya prensado, llevaba en ese depósito algo más de un mes y tocaba mezclarlo con el Moscatel.

Según abrimos la tapa, el rico aroma de la Tardana macerada nos envolvió a todos, ya que Antonio, el padre de Juan, también estaba presente. El Moscatel estaba en cuatro damajuanas de diferente tamaño, con una capa de lías en el fondo que daba gusto verla. Una vez que la Tardana pasó de un depósito a otro más grande, los dos de inoxidable, había que hacer la mezcla. Claro, la mezcla es cosa del alquimista, que para eso Juan lo es. Lo mío era limpiar primero el depósito de la Tardana, que también estaba poblado de lías en el fondo del depósito como lo que queda del Cola-cao en el fondo de la taza cuando te lo has acabado. Y posteriormente limpiar las damajuanas que amablemente Juan iba dejando junto a mí sin decir nada. Y luego el suelo, por supuesto. Que todo debía quedar limpio como la patena. Que nada hay peor que una bodega sucia.

Al final, el depósito albergó unos 400 litros, litro arriba litro abajo, de este vino naranja que esta añada sí que tendrá etiqueta. El primer experimento de Juan ha dado un excelente resultado.

Una vez todo trasegado, mezclado, limpiado y recogido, era tiempo de sentarse después de tanto trabajo físico y recuperar las energías probando el segundo experimento de Juan de este año: un espumoso ancestral elaborado con Bobal y con una uva local llamada Royal. Algo menos de 300 botellas. Un vino que resulta muy rico y muy placentero. Está todavía sin degollar y en el rack donde estaban las botellas se podía apreciar la capa de lías en el cuello de la botella.

Y luego, el tercer experimento. A éste le tenía muchas ganas. Un espumoso ancestral elaborado con Chardonnay del que Juan ha hecho solamente 10 botellas, diez. El Chardonnay que elabora Juan me parece de los mejores Chardonnays españoles que he probado. Así que había muchas ganas por probar este. Abrimos una botella, también sin degollar, y el resultado fue alucinante. Un espumoso impresionante. Da pena que solo tenga 9 botellas más y que haya que esperar un año entero para que en la próxima vendimia haga más. Y suerte para los que se apunten a las nueve paellas con las que Juan va a maridarlo, que ese es el plan que tiene.

Tras todo este trabajo de trasiego, limpieza y cata (estábamos casi extenuados, casi a punto de necesitar oxígeno para recuperarnos), llegó la hora de reponer fuerzas. Para ello, Juan propuso con mucho acierto un plato local denostado por mucha gente del lugar: unas Gachas. Allí es un plato que hace muchos años era el único sustento que había al alcance de las familias, así que ahora poca gente quiere ver de cerca un plato. Para quien no lo haya probado antes y tenga buena tolerancia al colesterol, acabará chupándose los dedos. Sobre todo porque se trata de mojar el pan en la sartén y comer directamente. Nada de platos ni cubiertos.

De postre, otro plato típico local: Arrope. Un dulce elaborado con mucha fruta y que antes de prepararlo se deja macerar con cal viva un breve periodo de tiempo. Muy dulce, y muy rico.

Después del café, carretera y manta, que parece que no pero Campo Arcís está lejos de todo excepto de Campo Arcís.

Ya quedamos en vernos de nuevo, aunque habrá que consultar el calendario de María Thun para ver qué días no hay trabajo en la bodega, porque con esta edad doblar la espalda para trabajar ya no es lo que era. Ahora ya somos más de pensar que otra cosa.

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