Tras dos horas de conversación profunda e interesante, me preguntó: “¿Tienes alguna otra pregunta?” Lo único que se me ocurría era: “Sí, claro. ¿Puedes seguir hablando lo que queda del día?” Eran solo las 13:00, habíamos llegado algo más de dos horas antes y ese tiempo se había evaporado en un abrir y cerrar de ojos, si bien el día aún era joven. Sabía de antemano que se tenía que marchar para el fin de semana, por lo que las posibilidades de seguir escuchándole eran escasas, pero bueno, había que intentarlo.

Ese era el efecto que ejerció tanto en mi hermano como en mí. A veces le veía como un predicador, en el buen sentido de la palabra, y yo ya era parte de su coro antes de venir. Me encanta la viticultura ecológica y me apasiona la viticultura biodinámica, así que todo lo que me explicaba era como, bueno, como el Evangelio. A veces me debatía sobre si tomar notas o simplemente tratar de absorber tanto conocimiento como fuera posible viniendo de él. Él hablaba y compartía sus creencias, sus opiniones, su camino a través de la vida… Así que cualquier historia o pensamiento hacía de ella más que la típica conversación sobre vino. Nuestro anfitrión saltaba de un tema a otro, pero no la forma en que un profesor hace con las lecciones, sino más bien como alguien que está explicando su pasión por su trabajo y su amor por la forma en la que trabaja, siempre manteniendo ese hilo conductor en sus explicaciones: la relación existente entre el cielo, la tierra, las plantas, las uvas, el suelo, el ser humano, el cosmos… Adoptó la biodinámica hace muchos años y estaba hablando de por qué esto es importante para él y por qué debería ser importante para todos los involucrados en elaborar vino.

Nicolas Joly es considerado, o al menos por mí, el padre de la viticultura biodinámica en Europa. En su vida anterior trabajaba en el mundo financiero. Un día, un directivo de su compañía lo llamó para decirle que iba a ser ascendido. Nicolas respondió: “Muchas gracias. Me voy de la empresa”. Su interlocutor dijo: “Creo que no me has oído. Dije que vas a ser ascendido”. Joly dijo: “Sí, te he oído. Y me voy de la empresa”. Eso fue unas pocas páginas de calendario antes de la década de 1980. Fue entonces cuando cambió una vida en el mundo corporativo por otra en la que comenzaría a cuidar de los viñedos familiares y a hacer vino.

El hogar de Nicolas no está lejos de Angers, algo a las afueras asentado en la orilla del río Loira en Francia. Un lugar idílico si te gusta viajar y visitar castillos antiguos, y un área de peregrinación si te gustan los vinos blancos elaborados con la Chenin Blanc. Nicolas tiene una enorme mansión, el típico château francés rodeado de viñedos. Aquí produce solo tres vinos: Les Vieux Clos, su vino de entrada, denominación Savennières; el siguiente vino es Le Clos de la Bergerie, denominación Savennières-Roche aux Moines y finalmente su buque insignia: Clos de La Coulee de Serrant, bajo su propia denominación La Coulee de Serrant. Por cierto, el nombre de su hogar es Château de la Roche aux Moines.

Nicolas también es el líder de una asociación de productores biodinámicos llamada Le Renaissance des Apellations. Comenzó su andadura en 2011 solo con productores franceses, pero el número ha aumentado a más de 230 elaboradores de 13 países diferentes, incluidos nueve de España.

Pronto hablaremos con Nicolas Joly sobre su pasión en la vida.