Lo más cerca que había estado de una vendimia había sido atravesando la Rioja por autopista en septiembre. Era de esas cosas que estaban por ahí en la mente dando vueltas pero que nunca se habían llegado a materializar. Hace poco publicamos un artículo sobre el vino naranja que Pepe Moquillaza está haciendo en Perú y un día me dijo que su socio Matías Michelini, la Mi de MiMo, venía a España a hacer algo de vino en Galicia, así que me dije: “por qué no?”

Matías es uno de los mejores enólogos de Argentina. Tiene su bodega en Super Uco y además elabora vino en Chile y en Perú junto a Pepe. Además, tiene una línea de vinos naranja llamada Vía Revolucionaria de la que hablaremos en el futuro. Este año decidió elaborar vino en Galicia con su socio español Sergio Cortés. El lugar elegido fue la zona de Ribeiro, donde este primer año va a hacer cinco vinos, dos de ellos jóvenes y tres de ellos con crianza. Los dos jóvenes son un blend de Treixadura y Godello y por otro lado un Garnacha Tintorera. Estos vinos se embotellarán en torno a abril de 2018. Los dos tienen un paso por depósitos de inoxidable y luego van a barricas usadas de roble.

Además, Matías hará tres vinos monovarietales con una crianza de unos 18 meses, con previsión de embotellado en abril de 2019. Los vinos serán un Treixadura, un Godello y un Garnacha Tintorera.

Hablando con Matías antes de su viaje acordamos intercambiar algo de vino, y como no podía ser de otra manera lo que llevé eran vinos naranja. Los elegidos fueron Tenta2 de Ismael Gozalo (Microbio Wines) y el naranja que elabora Juan Piqueras en Utiel-Requena como experimento con Tardana y Moscatel en Bodegas Pigar. A Matías le gustaron mucho ambos vinos y un día me dijo: “Hagamos un vino naranja también.” Los ojos se me hacían chiribitas, sobre todo cuando después me dijo: “Y compremos dos tinajas para criarlo.” Así que el sexto vino que hará este año es un naranja de Treixadura y Godello con tinaja. Alucinante.

Pero para que todos estos vinos vean la luz había que vendimiar las uvas primero. Así que después de hacer una inspección previa de los viñedos el día anterior, nos armamos de tijeras de podar y nos pusimos en marcha.

Es hasta romántico contemplar un viñedo lleno lleno de racimos de uvas maduras y listas para ser vendimiados. Pero cuando llevas ya un par de vides el romanticismo desaparece. El curro mola, claro, que al fin y al cabo está relacionado con el vino, pero bueno, a veces parece que las uvas no se acaban nunca. Empezamos por la Treixadura, en un viñedo que estaba junto al rio Miño en una ligera pendiente. Los racimos grandes permitían llenar las cestas de 10 kilos con cierta facilidad y según los llenábamos los dejábamos bajo las vides para que el tractor las recogiese. Evidentemente toda la vendimia era a mano. Estábamos nosotros tres más uno de los hijos de Matías, Estéfano. Luego se sumaron más personas. Cuando ya habíamos hecho unas cuantas filas entre todos nos dijeron que el tractor tardaría en venir a recoger las cajas, así que había que tomar la decisión de qué hacer. Llevar las uvas a la bodega. Las cajas estaban en el viñedo, la furgoneta en la carretera, cuesta arriba. Y éramos cuatro. Romanticismo acabado del todo. Había que llevar las cajas a mano desde el viñedo hasta la carretera. En la furgoneta entraban unas 36 cajas, así que había que hacer varios viajes. Pero claro, esto no era cargar la furgo y esperar que volviera. Era ir en la furgo hasta la bodega, descargar la uva, pesar la uva, poner la uva en la despalilladora, cargar las cajas en la furgo, volver al viñedo, seguir cortando uva. Así hasta que terminamos el viñedo. Entre los que estábamos se hacía bien, pero el tractor solo hizo un viaje, el resto fue en furgo y a mano. Poco después de comer terminamos con la Treixadura. Si la memoria no me falla salieron unos 2.400 kilos que ya estaban en el depósito. Ahora tocaba el viñedo de Godello, que estaba situado en el interior. El viñedo era más pequeño, pero tenía su lado negativo. El racimo de Godello era bastante más pequeño que el de Treixadura, así que hacía falta vendimiar más planta para llenar una caja, por lo que había que ir moviendo la caja con las vas más que por la mañana. Podías llevar media hilera pero la caja seguía por la mitad. Este viñedo tenía las calles más estrechas que las de la mañana, así que de tractor nada. Todo a mono otra vez. Cargar la furgoneta y a la bodega, descargar uva, pesar uva, despalillar uva. Y claro, una vez terminado, había que limpiar las cajas para no tener problemas al día siguiente. Y toda la superficie usada de la bodega, por supuesto. De la Godello había en total unos 1.200 kilos. Nosotros no recogimos toda la uva, por supuesto, que aunque soy del mismo centro de Bilbao, ellos no. Contamos con ayuda, porque si no, todavía estaríamos recuperándonos. Ya hice un cálculo de lo que vendimié, y no tenía mala pinta, pero por si acaso no lo comentaré. Terminamos pasadas las 21:00 horas.

Una vez todas las uvas en sus depósitos, catamos el mosto. Ambos estaban muy bien, con la Treixadura dando unos 12 grados y la Godello algo por encima de 14 y con una acidez muy buena. Maceración pelicular pre-prensado de unas 18 horas, ya que el prensado se hizo al día siguiente a primera hora de la tarde. Una vez prensado, el mosto se pasó a barricas usadas. El vino que será el joven ya pasaba mezclado a la barrica.

La Garnacha se vendimió unos días más tarde, ya que en el viñedo todavía daba en torno a los 10 grados. Yo tenía que volver a mis quehaceres diarios así que no me quedé.

Ahora queda esperar a abril para embotellar los dos vinos jóvenes y ver cómo evoluciona el vino naranja. De momento no hay previsión de cuánto tiempo estará macerando con las pieles ni cuánto tiempo en barrica. Eso se irá viendo.

Ya hay ganas.

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