[:es]De madera y vinos naturales[:en]Of wood and natural wines[:]

Azienda Agricola Dario Prinčič

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El otro día probé un vino cuya descripción en la contraetiqueta decía que tenía notas a fruta madura y a madera nueva. Ciertamente es lo que destacaba en la nariz y también en la boca. Hace ya tiempo que empecé a desarrollar más pasión por el vino blanco y el vino naranja que por el vino tinto, ya que me parece que los dos primeros dan mucho más juego y tienen muchas más posibilidades de elaboración que el último. De aquellos, de los vinos blancos y los naranja, me gusta que pasen por barrica, pero lo bueno es que esa barrica es en muchos casos una barrica usada y/o sobre todo, de gran capacidad, toneles de veinte o treinta hectolitros. Para mí esto marca la diferencia con los vinos tintos.

Mi ideario es que la madera debe ser un recipiente que aporte oxígeno y que ayude a envejecer al vino. La madera debe acompañar al vino en su recorrido vital, no ser parte de lo que al final encontramos en la botella. No me gusta que el vino tenga madera presente o que proporcione una sensación de poder masticarlo. Cuando el vino huele y sabe a madera no disfruto de mi copa. Y como dice el refrán, la vida es muy corta para beber vino que no te haga disfrutar.

He tenido la suerte de visitar bodegas en Barolo y la Valpolicella y el trabajo de vinificación que hacen con grandes toneles usados me parece excelente. Como ejemplo, Tommasi Viticoltori elabora un Amarone Classico y un Amarone Riserva. Los dos tienen al menos una crianza de tres años en esos grandes toneles. La diferencia está en que el Riserva pasa un cuarto año en barricas de 225 litros, que por otra parte son de tercer uso. Así pues, el aporte de la madera a estos vinos no es el mismo que en otros sitios donde un vino con dos o tres años de crianza ha pasado por barricas francesas de 225 litros de primer o segundo uso como mucho. O una mezcla de ambos. Es este un estilo de vinificación que tiene muchos adeptos, tanto en número de bodegas como en número de clientes fieles, pero a mí me gusta encontrar cosas distintas en mi copa. Por esto es que me gusta más un vino naranja o un vino blanco, ya haya sido fermentado/criado en barrica o no. En estos casos, los vinos tienen una carga tánica que se lleva muy bien, teniendo en cuenta que hay casos de vinos naranja con tres años o más de crianza en madera. Para encontrar vinos tintos sin esa madera tan marcada hay que buscar mucho, porque para mí hay demasiado de eso de que “el vino tiene notas a madera nueva”. Si algún día hago vino, mi filosofía será que la madera acompañe al vino cuando sea necesario y lo ayude en su crianza, no que se convierta en parte del vino. Es evidente que una bodega necesita comprar barricas para ir sustituyendo las que se van deteriorando con el uso y el paso del tiempo pero se puede mantener un buen balance entre las barricas usadas y las nuevas de manera que el número de barrica nueva a la hora de hacer un vino sea menor que el de barrica usada. Al final, creo que el vino debe oler y saber a fruta, lo demás es intervencionismo. Aunque esto del intervencionismo es discusión para otro día.

Y todo esto venía a cuento de una opinión que he leído por ahí sobre los vinos naturales. Son vinos que siguen siendo denostados públicamente con el argumento de que algunos elaboradores utilizan la excusa de que hacen vino natural para tapar defectos en la elaboración de sus vinos. Esto no deja de ser algo absurdo tanto por parte del elaborador como por parte de quien lo critica. Nadie dice que un vino tradicional esté mal elaborado porque la máquina que hace PING estuviera mal calibrada. Hablando recientemente con un elaborador de vino, estábamos de acuerdo en que lo importante es que uno trabaje bien el viñedo, trabaje bien la bodega y mantenga unas instalaciones limpias, entre otras cosas. Así no será tan importante si se ponen 10, 20, 30 o 180 miligramos de sulfitos en el vino. Y podemos encontrar vinos mal elaborados tanto entre quienes hacen vinos naturales como entre quienes hacen vinos tradicionales o tecnológicos. Hacer vinos de estos últimos no es una garantía de que el vino sea bueno o nos vaya a gustar, por muchos controles y analíticas que se hagan. Creo que al final, lo que cuenta cuando el viticultor va al viñedo es la uva y no los análisis.

Este invierno he organizado varias catas de vino y muchos de los vinos catados eran vinos naturales, tanto tintos como blancos como naranja. Y con una sola excepción, era muy difícil saber qué vino era natural y cual no. Eran vinos muy bien elaborados. Podían gustarte o no, pero no se podía decir que fueran vinos mal trabajados. Quizá sea hora de tener menos perjuicios a la hora de catar vinos. Y sobre todo, hay que catar vino a ciegas. Eso es todo un desafío. No un desafío a nuestros conocimientos sobre el vino, sino a ser capaces de decidir si un vino nos gusta o no por lo que percibimos en la nariz y en la boca y sobre todo por lo que nos hace disfrutar, no por lo que ponga en la etiqueta.

Al final se trata de encontrar el balance: ni solo vinos de un estilo ni solo vinos del otro. Hay tanto vino para probar…

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The other day I tasted a wine whose back label description said it showed notes of ripe fruit and new wood. As promised, once you tasted the wine the wood was so much prominent in the nose and also in the mouth. Some time ago I started to develop more passion for white and orange wines over the red wines, since it seems to me that the first two styles have a wider field of play and offer many more possibilities of vinification rather than the latter. Of those, white and orange wines, I like them to go through some wood ageing, but the good thing is that this wood is in most of the cases a used barrel and/or above all, vessels of large capacity, barrels of twenty or thirty hectoliters. For me this makes a huge difference over red wines.

My thinking is that wood should be a container that provides oxygen and helps ageing the wine. The wood must accompany the wine in its journey through life, not being a big part of what we will finally find inside the glass. I do not like that you can taste wood in the wine or that it gives you a sensation of being able to chew it. When the wine smells and tastes like wood, I do not enjoy my glass. And as the saying goes, life is too short to drink wine that does not make you enjoy.

I have been fortunate to visit wineries in Barolo and Valpolicella and the winemaking work they do with large used barrels seems to me excellent. As an example, Tommasi Viticoltori produces an Amarone Classico and an Amarone Riserva. Both of them stay at least a three-year ageing period in these big barrels. The difference is that the Riserva spends a fourth year in 225-liter barrels, which are otherwise in their third use. Thus, the contribution of wood to these wines is not the same as in other places where a wine with two or three years of ageing has gone through French barrels of 225 liters in their first or second use at most. Or a mixture of both. This is a winemaking style that has many followers, both in number of wineries and in the number of loyal customers, but I like to find different things in my glass. This is why I prefer orange or white wines, whether they have been fermented/aged in barrels or not. In these cases, the wines have a tannic structure that goes very well, taking into account that there are cases of orange wines with three years or more of ageing in wood. To find red wines without this marked wood, we have to look for a lot, because for me there is too much of that «wine has notes of new wood». I Clivi in the Italian Collio produces a Merlot with no wood whatsoever and it is indeed a luscious wine.

If I ever make wine, my philosophy will be that the wood must accompany the wine only when necessary and to help to its ageing, not that it becomes part of the wine. Obviously,  a winery needs to buy barrels to replace those that deteriorate with the use and the passage of time but you can maintain a good balance between the used and new barrels so that the number of new barrels at the time of making a wine is less than the used barrels. In the end, I think that the wine should smell and taste like fruit, the rest is interventionism. Although this thing of interventionism is a topic for another day.

And all this came up to my mind reading an opinion about natural wines. They are wines that are still publicly insulted with the argument that some producers use the excuse that they make natural wine to cover defects in the making of their wines. This does not stop being something absurd so much on the part of the elaborador as on the part of those who criticize it. No one says that a traditional wine is poorly made because the machine that makes PING is poorly calibrated. Speaking recently with a winemaker, we agreed that the important thing is that you have to work well in the vineyard, work well in the cellar and maintain clean facilities, among other things. This will be more important than how many milligrams of sulfites you put in the wine, be it either 10, 20, 30 or 180. And we can find badly elaborated wines both among those who make natural wines and those who make traditional or technological wines. Making wines from the latter kind is not a guarantee that the wine is good or we will like it, no matter how many controls and tests are done. I think that in the end, what counts when the winegrower goes to the vineyard is the grape and not the tests outcome.

This past winter I have organized several wine tastings and most of the wines we tasted were natural wines, either red, white or orange. And with one exception, it was very difficult to know which wine was natural and which one was not. They were very well elaborated wines. You could like it or not, but you could not say that they were poorly made wines. Maybe it’s time to have less prejudices when it comes to tasting wines. And above all, you have to taste wine blindly. This is a big challenge. Not a challenge to our knowledge about wine, but to be able to decide if we like a wine by what we perceive in the nose and mouth and especially for what we enjoy tasting it, not because of what we read in the label.

In the end it’s about finding the balance: not just wine made under one style or the other. There is so much wine to taste and enjoy…

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