[:es]Struggling Vines, un viaje vital a través del vino[:en]Struggling Vines, a life journey through life[:]

Struggling Vines

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El día despertaba nublado y lluvioso, el típico clima que puedes esperar de una mañana de domingo al final del invierno bajo las laderas de la Sierra Cantabria en Rioja Alavesa. Algunas de las cumbres cercanas seguían cubiertas de nieve; un viento considerable recorría los viñedos. Podías orientar la nariz hacia él y sentirlo en ambos oídos. No era la mañana que uno elegiría para pasear por un viñedo, pero tener la oportunidad de hacerlo mientras hablaba con Melanie Hickman hacía el clima más soportable. Estábamos paseando por su viñedo Hapa, desde su punto más alto bajando lentamente hasta que llegamos al establo donde duerme su caballo. Hablábamos sobre el viaje vital de Melanie y sobre cómo terminó viviendo en un pequeño pueblo en Rioja Alavesa. Ha sido un largo viaje, desde su natal Prospect, Ohio (población 1.000) en los Estados Unidos, después de pasar la mayor parte de su vida adulta en Hawai, donde trabajó durante varios en el mundo corporativo. Como Melanie dice: “Hawai alimentaba mi alma, pero el mundo de las grandes empresas no«.

Melanie es una persona con un carácter muy positivo, de esas que siempre son felices y están sonriendo. Un día decidió que era hora de construir una nueva vida en el otro lado del mundo y se marchó dejando atrás familia y amigos. La Rioja Alavesa es el lugar donde comenzó su nueva vida en 2011, aunque los motivos para ello son una historia para otro día.

La parcela Hapa es un muy especial pedazo de tierra para ella. Lleva el nombre de un American Bulldog que adoptó cuando vivía en Hawai pero que nunca llegó a ver su nuevo hogar en España. Es un viñedo ubicado en las afueras de la pequeña ciudad de Elvillar, Álava, orientado hacia el oeste, con una altitud de 646 metros y un total de 2.9 hectáreas de suelo calcáreo plantado en 1967 con Tempranillo y Viura. Una antigua calzada romana corre paralela a la viña. Se enamoró de este viñedo en el primer instante en que puso los ojos (y los pies) sobre él. Supo entonces que quería hacer vino con las uvas que crecían allí, pero el dueño anterior no vendía. Melanie tuvo que esperar para hacer sus sueños realidad. Se había casado con el enólogo español David Sampedro, y ambos trabajaban en su bodega boutique Bodegas Bhilar. Mientras tanto, Melanie seguía pensando en hacer su propio vino. Certificada en el niel 2 del WSET, llegaba el momento de hacer la transición a elaborar vino. Pero hacerlo por sí misma, no junto con David. Hapa resultaba ser el lugar que quería porque, como me explicó, se sentía profundamente conectada a este viñedo en particular. Sin embargo, en aquel entonces, el año 2012, no era todavía su momento. Unos años más tarde, la oportunidad llamó a su puerta, como les sucede a quienes siguen en el camino de perseguir sus sueños. El viñedo finalmente salió a la venta y se convirtió en el momento de tomar una de esas decisiones que marcan nuestras vidas: tenía que decidir si seguir sus sueños invirtiendo todos los ahorros de su vida en ese pedazo de tierra. Y esa es la decisión que tomó.

Como persona conectada a la naturaleza y a los animales, Melanie comparte la filosofía de David. Trabaja este viñedo siguiendo los métodos biodinámicos. Aran la tierra con la ayuda de un caballo y no usan maquinaria alguna. De este viñedo salen dos vinos: Phinca Hapa Blanco y Phinca Hapa Tinto. También produce otro vino tinto, Phinca San Julián, desde el viñedo del mismo nombre. San Julián es un pequeño viñedo de 0,6 hectáreas ubicado en una colina de pendiente pronunciada. Es una parcela muy aislada, lejos de la carretera y de miradas indiscretas. Si no sabes dónde está, nunca vas a encontrarlo. Suelos de piedra caliza y una orientación este que mantiene el viñedo fresco.

Estos son los dos viñedos que Melanie trabaja para sus tres vinos. Ella es parte de Bodegas Bhilar junto con David, pero estos tres vinos llegan al mercado con una etiqueta propia: Struggling Vines.

Phinca Hapa Blanco está elaborado con un 82% de Viura, un 12% de Garnacha Blanca y un 6% de Malvasía. Las uvas fermentan con sus pieles en una cubeta de hormigón de 2.000 litros durante algo más de dos meses. Luego el vino se prensa y se coloca en fudres de 600 litros de madera francesa durante un año. En 2016 Melanie elaboró 2.300 botellas.

Phinca Hapa Tinto es un blend con un 94% de Tempranillo y un 6% de Graciano. Los racimos completos se fermentan en cubas de hormigón con las levaduras indígenas. Después de la fermentación, el vino se prensa y se cría en barricas de roble francés de 500 litros durante un año. En 2016 produjo 7.332 botellas.

Phinca San Julián es un tinto a a mezcla de 77% de Tempranillo, 14% de Graciano, 2% de Garnacha y 7% de Viura. Las uvas se seleccionan a mano y se colocan en barriles abiertos usando el 40% de racimos completos. El vino se prensa y fermenta sin adición de levaduras. Se cría barricas de roble francés de 225 litros durante un año. En 2016 se elaboraron 960 botellas.

La elaboración de estos vinos es siempre la misma: cosecha manual en cajas de 10 kg siguiendo una rigurosa selección de uva en el viñedo. Solo se agrega una pequeña cantidad de sulfitos antes del embotellado.

Tuve la oportunidad de probar los tres vinos de Melanie y al instante me enamoré de ellos. A ella siempre le gustó el estilo de David de hacer el vino blanco, siguiendo el procedimiento de los vinos tintos. Ninguno de ellos conocía el término Vino Naranja hasta que en 2014 durante una visita para presentar sus vinos en Nueva York. David explicaba cómo elaboraba sus vinos blancos y un sommelier les dijo que estaban haciendo Orange Wines. Posteriormente se documentaron para comprender el significado. Melanie quería ir un paso más allá y hacer su vino Hapa con un contacto más prolongado con las pieles después de la fermentación. Los dos meses de maceración hacen que degustar este vino sea una experiencia fantástica. Es un vino muy fino y elegante, con apenas un toque perceptible de madera y con una estructura y taninos que simplemente me encantan. El Hapa tinto es también un vino muy agradable, bien equilibrado con el uso de cubas de hormigón y barriles grandes que hacen que el vino muestre un alma muy distinta y absolutamente particular que llegas a adorar. Finalmente, en una copa de San Julián puedes descubrir el suelo del que proviene, su mineralidad y el espíritu y carácter de un vino biodinámico perfectamente hecho.

Los vinos de Melanie son realmente buenos pero difíciles de encontrar, debido a su producción limitada y a que principalmente salen al mercado exterior. Pero lo más importante es que reflejan la pasión y entusiasmo de una persona que cruzó medio mundo persiguiendo sus sueños, no sólo acerca de la elaboración del vino sino sobre la búsqueda de una nueva vida.

Pronto hablaremos con Melanie Hickman sobre sus vinos y su filosofía elaborando vino.

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The day woke up cloudy and rainy, the weather you might expect in late winter on a Sunday morning beneath the slopes of Sierra Cantabria in Rioja Alavesa, some hilltops covered in snow; the wind was noticeable touring around the vineyards. You could point your nose towards it and feel it in both ears. Not an easy morning, but having the chance to walk around with Melanie Hickman made the weather bearable. We were strolling over Hapa’s vineyard, from its highest point slowly going down till we reached the horses’ shack. We were talking about Melanie’s life journey and how she ended up here in a tiny village in Rioja Alavesa. It has been a long journey, from her hometown Prospect, Ohio (population 1,000) in the United States, and then spending most of her adult life in the Hawaiian Islands where she worked for many years in the corporate world, which in her words “Hawaii fed her soul but the corporate world did not”.

Melanie is a very positive person, one of those who are always happy and smiling. One day she decided it was time for her to build a new life on the opposite side of the world leaving behind family and friends. Rioja Alavesa is the place her new life started back in 2011, though that’s a story for another day.

Hapa’s vineyard is a very special piece of land for her. She named the vineyard after the American Bulldog she adopted when she was living in Hawaii that never made it to see her new mission in life. This is a west-facing vineyard located in the outskirts of small-town Elvillar, Álava, with an altitude of 646 meters and a total of 2.9 hectares of white chalky limestone soil planted in 1967 with Tempranillo and Viura. An Old Roman road runs parallel to the vineyard. She fell in love with it the first moment she laid her eyes (and feet) on it. She knew she wanted to make wine with the grapes growing there, but the previous owner was not selling. Melanie had to wait to make her dreams come true. She was already married to Spanish winemaker, David Sampedro, and helping him running their boutique winery Bodegas Bhilar. She was entertaining thoughts about making her own wine. WSET-certified as she was, it was time for her to transition to winemaking. This time on her own, not just as sidekick to David. Hapa’s vineyard turned out to be the place she wanted, as she explained to me, she felt deeply connected to this particular vineyard. Nevertheless, back then in 2012 it was not yet her time. Some years later, opportunity knocked on her door, as it happens to those who stay on the path of pursuing their dreams. The vineyard was finally for sale. It was time to make one of those decisions that mark one’s life: she had to decide whether to pursue her dreams and risk investing all her life savings in that piece of land. And she went for it.

As a person connected to nature, animals and who shares David’s philosophy, she works this vineyard following biodynamic methods. They plough the land with the help of a horse and no machinery whatsoever is used. Out of this vineyard come two wines: Phinca Hapa Blanco and Phinca Hapa Tinto. She also produces another red wine, Phinca San Julián from the homonymous vineyard. San Julián is a small 0.6-hectare vineyard located on a steeply graded hill. It is a very secluded plot, away from the road and prying eyes. If you don’t know where to look, you will never find it. Pure limestone soils and an east-facing orientation keep the vineyard fresh and cool.

These are the two vineyards she works for her three wines. She is part of Bodegas Bhilar along with David, but these three wines come to the market under a label of their own: Struggling Vines.

Phinca Hapa Blanco is the white wine is 82% Viura, 12% Garnacha Blanca and 6% Malvasía. The grapes ferment with the skins in a 2,000-liter concrete vat for over two months. The wine is then pressed and placed in 600-liter French foudres for one year. In 2016, she produced 2,300 bottles.

Phinca Hapa Tinto is the red wine. A blend of 94% Tempranillo and 6% Graciano. Full clusters are fermented in concrete vats with indigenous yeasts. Following fermentation, the wine is pressed and matured in 500-liter French oak barrels for one year. In 2016, she produced 7,332 bottles.

Phinca San Julián is a blend of 77% Tempranillo, 14% Graciano, 2% Garnacha and 7% Viura. The grapes are hand selected and placed in open top barrels with the use of 40% full cluster. The wine is foot crushed and fermented without the addition of yeasts. It matures in 225-liter French barriques for one year. In 2016, she produced 960 bottles.

The production of these wines is the same: hand-harvest in 10-kg cases following a rigorous selection in the vineyard. A small amount of sulphur is only added prior to bottling.

I had the opportunity to taste the three wines and instantly fell in love with them. Melanie always loved David’s style of making white wines, which were, unbeknownst to them ‘Orange Wines’. They didn’t know the term ‘Orange wine’ until a visit to present their wines in NYC in 2014 and whilst David was explaining how he crafts one of his white wines, a sommelier told them they are making ‘Orange Wines’. After the appointment they did a google search to understand the meaning. Melanie wanted to take this one step further and make her Hapa wine with extended skin contact beyond fermentation. Hence, the two months of maceration that makes tasting this wine a silky experience. The wine is very fine and elegant, with barely a noticeable touch of wood and with a structure and tannins I simply love. Hapa red is also a very nice wine, well-balanced with the use of concrete vats and big barrels that make the wine show a distinct and particular soul that you can just adore. Finally, in a glass of San Julián you can discover the soil it comes from, the minerality and the spirit of a biodynamic wine.

Melanie’s wines are really good wines and also hard to find, due to the limited production that is mostly exported. But more importantly, they reflect the passion and drive of a person who crossed half of the world pursuing her dreams, not only about winemaking but about finding a new life.

Soon we will talk to Melanie Hickman about her wines and winemaking philosophy.

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