Pepe Mendoza es una persona que no te deja indiferente. Desde el momento en el que te encuentras con él ya está sonriendo, y cuando empieza a hablar de su pasión, que no de su trabajo te contagia ese amor por lo que hace. Puedes sentir lo que las viñas le dicen, lo que el suelo le transmite, porque hace que lo sientas igual que él. La forma en que describe el origen de los viñedos, la historia de Llibet, el pueblo en el que nació en la provincia de Alicante, los inicios de su carrera en el mundo del vino… Todo está LLENO de su pasión por el vino.

Pepe es uno de los miembros de la familia Mendoza a los mandos de Bodega Enrique Mendoza, situada en L’Alfaz del Pi (Alicante), un emporio familiar que produce vino que se comercializa en todo el mundo. Pero hoy no vamos a hablar de esta bodega sino de un proyecto que Pepe inició hace unos pocos años en las afueras de su pueblo. Ahí es donde tiene 12 hectáreas de viñedo en las que cultiva Monastrell, Garnacha, Syrah y Alicante Bouschet en la variedades tintas y Moscatel de Alejandría, Macabeo y Merseguera en las blancas y que salen al mercado bajo la etiqueta Casa Agrícola.

Pepe es un apasionado de la viticultura natural y así es como trabaja sus viñas. Las cosas como se han hecho toda la vida, nada de productos químicos en el campo ni preparados enológicos en la bodega. Las instalaciones que tiene en Llibet se utilizaron durante décadas para elaborar vino. Hay una antigua despalilladora de madera que está más que tentado a usarla, aunque me parece que ya ha ofrecido sus mejores servicios. Tiene también unos depósitos enterrados de hormigón y una vieja prensa horizontal, y aunque quiere que todo ello forme parte de un pequeño museo del vino, creo que en su cabeza ronda la idea de utilizar parte del ese equipamiento para hacer algún experimento. Incluso cuenta con un pozo que recoge agua de lluvia.

Poco a poco Pepe va añadiendo parcelas a este proyecto de Casa Agrícola, unas parcelas que desde hace ya treinta años gestiona con su mejor voluntad Clemente, un viticultor de los de toda la vida y que, al igual que Pepe, disfruta de las cosas bien hechas.

Cuando paseas por el viñedo o catas los vinos con Pepe vas aprendiendo a diferenciar aromas característicos de esta zona. Es un entusiasta del campo y te va explicando de dónde proceden esos aromas a jazmín, galán de noche, flor de azahar, pétalos de rosa, y sobre todo hinojo, presentes en sus vinos. Estos son los aromas que Pepe dice se identifican con vinos mediterráneos. Y ves en sus ojos su pasión por estos vinos.

Casa Agrícola comenzó ofreciendo tres vinos: dos blancos y un tinto. El primer blanco se llama Casa Agrícola Blanco y está elaborado con Moscatel de Alejandría, Macabeo y Airén, de las parcelas situadas en Benimei y Serra Forta, comarca de la Marina Baja y tierras del Alto Vinalopó. Casa Agrícola Tinto es un ensamblaje de Monastrell, Syrah y Alicante Bouschét. La vinificación se realiza en depósitos de 10.000 litros con grano entero y un 20% de raspa. Parte del vino se cría durante un año en barricas de roble francés de 500 litros.

Pureza es para mi su vino estrella. Moscatel de Alejandría 100%, fermentado con sus pieles durante 6 días y criado en ánforas de barro elaboradas por el maestro tinajero Juan Padilla, de Villarrobledo. He tenido oportunidad de probar el 2016 y el 2017. El primero es un vino increíble, con una potencia en nariz y boca que te agarra desde el primer momento que te acercas la copa. Un vino naranja español elaborado como creo que debe ser, robusto pero fino y elegante a la vez. 2017 se muestra en nariz mucho más potente pero en boca está aun un poco tímido. Según Pepe, la evolución propia de un vino natural como este hará que en poco tiempo vaya adquiriendo el perfil de su hermano mayor. Y sobre todo, como él pretende, que se muestre más radical. Las dos añadas son espectaculares para quien ama este estilo de vino. Y algo muy importante para mí es que el paso por ánfora, entre 6 y 8 meses, no se percibe en el vino.

Poco tiempo después, ha incorporado tres vinos más de la añada 2017. Bajo la denominación de Pequeñas Producciones Vinícolas, encontramos un ensamblaje de Macabeo y Mersegura llamado Ánforas – Tinajas de Padilla. Un vino que me enganchó también desde el primer sorbo. Muy fino, y en mi opinión muy bien hecho.

El segundo vino es Velo Flor Ánfora 2017, 95% Merseguera y 5% Moscatel en un vino cuyo nombre explica todo. Una maravilla de vino con un aroma que hace que la nariz se quede pegada a la copa.

El Veneno 2017 es un tinto campeón. Monastrell por los cuatro costados con 12 meses de crianza en barricas de 500 litros. Frutas rojas por todas partes, un vino muy aromático y por suerte muy lejos de los clásicos monastrelles mediterráneos con exceso de extracción, de madera y de todo lo demás. El Veneno es un tinto muy bien hecho con un mejor reflejo del viñedo del que procede y la personalidad de quien lo elabora.

Sero-roSé Monastrell Clásico 2016 es un vino rosado con una crianza de 14 meses en barricas de roble francés. La maceración con las pieles es muy breve, prácticamente lo que tarda el mosto en pasar a través de ellas desde que se añadan a un deposito, ya que se hace el sangrado inmediatamente. Un rosado del que me he enamorado. Y este vino sale al mercado 4 años después de su elaboración. Pepe quiere que tenga esa crianza en barrica y luego en botella antes de su comercialización, nada de sacarlo al mercado como vino joven.

No hay muchas botellas de estos vinos, y según me dijo Pepe habrá que esperar para poder disponer de alguna más, ya que lo que le queda está todo vendido. Va a ser una espera bien larga.

Pronto hablaremos con Pepe Mendoza acerca de su pasión por el vino y su filosofía viticultora.

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