Recuerdo el día que conocí a Rubén. Estábamos en un bar de Alicante tomando unos vinos y algo de picar en una mesa la noche anterior a una feria de vinos a la que ambos asistíamos. Recuerdo que le miraba mientras hablaba y movía las manos. Una conversación muy interesante, sobre vino, por supuesto, aunque debo decir que a estas alturas no recuerdo el tema concreto pero sí que la disfruté mucho. Después compartimos más vinos en la feria y a ella le siguieron varias visitas en su bodega. Cada visita era, y siguen siendo, mejor que la anterior porque la confianza da eso, que disfrutas cada vez que te encuentras, aunque sea en situaciones difíciles como las que arrastramos últimamente.

Rubén es Rubén Salamanca, la mitad vinícola junto a Elisa de Frutos de la Bodega Frutos Marín, o como son más conocidos, Vinos Malaparte, su nombre comercial. Su vida transcurre en Cuéllar, un pueblo de Segovia en el que gestionan varias hectáreas de viñedo dedicadas a la Tempranillo, Syrah y Verdejo, a las que añaden uva que compran lejos de allí para hacer otros vinos y otros proyectos como Uvas Nómadas, que en 2020 está en su añada número 8.

Uvas Nómadas en un proyecto que ambos decidieron comenzar en 2013, a través de participación popular y siendo cada añada un vino diferente de una zona vinícola española. Verdejo de Zamora, Mencía del Bierzo, Garnacha de Cebreros en Ávila… Cada nuevo año un proyecto distinto que siempre tiene la mejor aceptación posible y se agota.

La manera que tiene Rubén de trabajar es la que más me gusta, como no puede ser de otra forma. Vinos honestos con su lugar de procedencia, uvas honestas tratadas de la mejor manera, con la menor intervención posible, cosa que se puede hacer en esta parte de Segovia donde llover llueve más bien poco. Y finalmente en la bodega, donde Rubén elabora vinos naturales. Y qué vinos, en mi opinión. He probado muchos de sus vinos y varias añadas también. Y siempre me molan mucho. Hasta ese vino tan raro que tiene de crianza oxidativa que nos bebimos mientras comíamos unas croquetas en la plaza del kiosco de música de Cuéllar. Qué placer aquel día.

Estoy seguro de que tú que me lees sabes quién es Rubén Salamanca y has probado sus vinos. Quizás no todos, pero alguno sí, verdad? Recuerdo que el primero que probé fue un Méprisé Blanco, y desde ahí ha sido todo un no parar: Méprisé Tinto, Pico Lunar, Dindi, que es como llama a su ancestral, sus Tempranillos y sus vinos naranja, que también hace. Un día nos bebimos una botella de su tinto Malaparte con años (no recuerdo la añada) acompañada de una pierna de cordero. Sigo soñando con aquello en mis noches de cenas frugales.

Pero si bien todos sus vinos me gustan, mi corazoncito está, como te puedes imaginar, con The New Wave Girl, su naranja de Verdejo. 30 días con las pieles, crianza en tinaja… qué más le puedo pedir a un vino? 1.000 botellas por añada tienen la culpa de que no se pueda disfrutar más de este vino, pero si lo tienes guardado por ahí eres una persona afortunada. Para beber sorbo a sorbo paladeando el contenido de la copa.

Rubén es un artista. Con él también he aprendido a ver la diferencia que hay en la crianza de un vino dependiendo de la capacidad de la barrica. Tiene un tinto en dos barricas diferentes, de 500 y de 225 litros. Ay, amigo, que me llevo a casa todo lo que hay en la de 500.

Recientemente, Elisa y Rubén han conseguido ser admitidos en la asociación italiana Triple A, que significa Agricultors, Artesanos, Artistas. Es una asociación compuesta por elaboradores de vino de diferentes países europeos que trabajan en natural. Es algo muy especial, ya que en España apenas llegan las bodegas miembro a ser un puñado.

Y hay mucho más, porque Rubén trata de innovar cada añada. No se queda quieto y esa es la clave para crecer: que cada año que pasa se hagan diferentes cosas de manera distintas para seguir aprendiendo.

Pronto hablaremos con Rubén Salamanca sobre sus gustos y sus vinos.