Quiero mucho a Filipe. Nos conocimos por medio de amigos comunes apasionados de los vinos naturales y nos llevamos fenomenal desde el principio. Hemos intercambiado vino, algo que me encanta hacer, porque Filipe se dedica a hacer vino. Recuerdo que me dijo: ‘Antes de abrir la botella, ponla boca abajo’. Me pareció un poco extraño, así que pensé que quería que mantuviera la botella de pie para que las lías se fueran al fondo de la botella. ¡Sí, claro! En cualquier caso, me llevó una hora de coche llegar a casa de mis amigos, así que la botella llegó tal y como Filipe quería. ¡No solo agitada sino también sacudida! A todos nos encantó el vino. Era su Malvazija Istarska 2017.

La siguiente vez que iba a abrir otro de sus vinos con otro amigo, cogí la botella que estaba en mi bodega y, al mirarla, vi que estaba completamente limpia: me preocupé mucho. ¿Qué le pasaba al vino? Luego miré al fondo y vi que las lías se despertaban lentamente de su letargo. ¡Sí, ahí están! Sacudí fuertemente la botella porque no quería perderme la emoción de la primera vez!

Atimo es la marca que Filipe utiliza para hacer sus vinos. Él sólo produce vinos naranja monovarietales y le encanta trabajar en el lado salvaje del vino. No filtra sus vinos y deja las lías dentro de la botella para ayudar a que el vino desarrolle más sabores y aromas y para ayudarlo a envejecer más tiempo. He probado y disfrutado mucho las añadas 2016 y 2017 de su Malvazija.

Filipe trabaja de forma diferente a otros elaboradores. Elabora vino naranja y quiere que el mosto de la uva esté en contacto con las pieles durante períodos prolongados. Por ello, lo que hace desde que comenzó a elaborar vino hace once años es trabajar con variedades de uva cuya piel sea lo suficientemente gruesa como para soportar esos periodos largos de maceración. Filipe no utiliza una o dos semanas. Filipe no utiliza dos o tres meses. Filipe lleva sus vinos al extremo, hasta los nueve meses para dos de ellos y doce meses para otro de sus vinos. De ahí que las variedades que logró identificar como más aptas para pasar este tiempo con las pieles sean la Ribolla Gialla/Rebula, la Malvazija Istarska y la Riesling.

Una vez se decidió por las uvas, buscó los mejores lugares para trabajar con ellas. En lugar de construir una bodega, Filipe fue más práctico y decidió hacer sus vinos en las bodegas de sus amigos. Para la Malvazija, trabaja en la Istria croata, donde los viñedos, como en cualquier otro lugar que dirige, se gestionan según su filosofía: sin productos químicos y, en ocasiones, siguiendo métodos biodinámicos. En Istria trabaja en Trapan Wine Station, la bodega de Bruno Trapan, donde las condiciones para realizar su pasión son óptimas.

En Goriška Brda, Eslovenia, Filipe trabaja su Rebula en Vina Štekar la bodega de Jure Štekar. Aquí la Rebula es la Reina. No hay otra variedad en esta parte de Eslovenia y el vecino Collio italiano que se adapte mejor a la elaboración de estupendos vinos naranja. Cuando pruebes los vinos más conocidos y apreciados de la zona y de mejor calidad, Atimo Rebula está entre ellos.

Por último, para trabajar con la Riesling, Filipe va al sur de Estiria en Austria, a Weingut Rebenhof Hartmut Aubell, la casa de Hartmut Aubell.

Como he comentado, Filipe quiere que el mosto macere con las pieles durante al menos nueve meses. Es el caso de la Rebula y la Malvazija, pero con el Riesling va un paso más allá, añadiendo tres meses más de maceración. Por cierto, la maceración se realiza en barricas de roble de 550 litros. Luego la crianza lleva otros 12 meses.

Filipe también elaboró un Chardonnay en 2016 con uvas procedentes de un viñedo biodinámico en Eslovenia que estaba de fabula. Vino de una sola añada, y habiendo tenido ya el placer de disfrutarlo, puedo decir que es un vino absolutamente increíble. Desafortunadamente, no más Chardonnay de esta zona, ya que la viña fue arrancada.

Filipe trabaja de forma natural, por supuesto, sin utilización de ningún tipo de productos químicos o enológicos, sin estabilización ni clarificación. Le gusta trabajar en los viñedos tanto de forma ecológica como biodinámica. En lo que respecta al embotellado, no puede ser más sencillo. Simplemente conecta las mangueras a las barricas y deja que el vino caiga libremente en las botellas.

He probado varias añadas de su Malvazija y su Chardonnay 2016. Todavía no he probado MorMal 2017 ni el Pet Nat que también está produciendo, pero ya me he asegurado algunas botellas. Los vinos, y tú que me lees te lo puedes imaginar, me chiflan. Son puro zumo de uva, macerado y fermentado por supuesto, pero es difícil trabajar de manera más honesta y fiel a las uvas que lo que hace Filipe. La tanicidad está muy redondeada (no olvidemos los nueve o doce meses de maceración), y la crianza en barrica hace que los vinos sean sedosos y suaves, sin asperezas ni desequilibrios y perfectamente elegantes. La acidez te hace salivar esperando la próxima copa. La experiencia de disfrutar de los vinos de Filipe es increíble. No puedes dejar de mirar la copa ni la botella.

Siempre bromeo con Filipe diciendo que Jean Michel Morel de Kabaj es mi Dios en lo que respecta a la elaboración de vino y especialmente a los vinos naranja. Le digo a Filipe que él se está convirtiendo en su profeta para mí. El estilo de Filipe, sus vinos, son algo especial.

Pronto hablaremos con Filipe Koletnik sobre su filosofía como elaborador de vinos.

(C) Atimo by Filipe Koletnik